domingo, 23 de noviembre de 2008

El punto nazi

El pensamiento colonial que preside los procesos de globalización que estamos viviendo tiene su correlato "doméstico" en los actuales planes de mejora y embellecimiento de los centros urbanos in the western world, donde se lleva a cabo una selectiva (pero no por ello menos brutal) erradicación de los elementos indeseados, aquellos que deslucen y ponen en cuestión la idea de progreso mediante aquella fealdad manifiesta que caracteriza a los fracasados. La máxima que rige en los consistorios es: hay que echar pa fuera a todos los podríos.

Este pensamiento abiertamente racista y clasista (sea en el contexto internacional, sea en el que hemos denominado "doméstico") no tolera que en el orden estético fashion y high tech que han proyectado in order to achieve ever higher incomes surjan esas manchas ontológicas que causan inquietud en el seno del hipotálamo de los prebostes y sus decoradores de la corte. Nótese que el término "preboste" es sin duda un derivado de "bosta", y que guarda estrecha relación con "emboste" (sólo hay que imaginar lo que comen sus señorías y a cuanto nos sale el cubierto, para sopesar después el resultado político: los prebostes anticipan -pre- la bosta que después nos comemos todos). Tras este breve excurso filológico, seguimos. Es sabido que los centros urbanos, especialmente los centros históricos, se conciben hoy para producir y concentrar capital proveniente del turismo, los comercios suntuosos, los alquileres de oficinas y los servicios en general y que esta dinámica se aviene mal con la presencia de podríos de toda laya, negros, moros, viejos con alquiler de renta antigua, putas, chulos, trabajadores rasos, anarquistas variopintos, maricas sin ley y otros múltiples géneros de vagos y maleantes que no dan dinerito. Y esto no puede ser, con lo bonito que es el casco viejo y lo precioso que quedaría con un poquito de escayola y unas manitas de pintura y un hotelito por aquí, otro hotelito por allá, un edificio de oficinas, unas buenas tiendas de Dolce&Gabanna, otro hotelito más allá, más oficinas en los edificios rehabilitados, un Sony Center quizá, una oficina turística, quizás un museo o dos, más tiendas de Adolfo Domínguez, Zara, H&M, Mango, Bershka, tiendas globales, negocio seguro, más oficinas de empresas con futuro y también, cómo no, residencias rehabilitadas fashion, minimal, feng shui y su puta madre, para quien pueda pagársela, claro, porque lo bueno, como sabemos, cuesta dinerito.


Este fenómeno del humanismo ilustrado contemporáno recibe el nombre de gentrificación (http://es.wikipedia.org/wiki/Gentrificaci%C3%B3n).


Un ejemplo como tantos lo encontramos en la ciudad de Barcelona, donde se han llevado a cabo espectaculares labores de "saneamiento" en el Barri Gotic y en el Raval (el antiguo "Barrio Chino", cuya debacle fue retratada en el conocido filme de Guerín "En Construcción"), zona a la que hemos de añadir el Born, completando así el dominio sobre la antigua Ciutat Vella, antaño residencia de los obreros que alimentaban a los prebostes de la burguesía industrial, hoy progresivamente pija, fashion y sobretodo, cada vez más cara. La cosa adquiere tintes tragicómicos cuando pensamos que el proceso sigue en marcha en un ayuntamiento gobernado por los rojos: en efecto, el PSC de Heredu, el hombre de la barbilla blanda, junto con ¡oh maravilla! Iniciativa per Catalunya, formación heredera del mítico PSUC, la rama más avanzada teóricamente del PCE, el partido de Manuel Sacristán, que hasta hoy, en la senda de la modernización y adaptación a los tiempos, ha sabido descafeinarse hasta convertirse en Fanta, Fanta de lima, que es de color verde. Hay que buscar dinerito como sea, y si hay que renunciar a esto o a lo otro, se renuncia, que ya estamos mayores para andarnos con tonterías. Asistimos así al fenómeno de una ciudad que se quiere vender y que se acicala y se hace liftings y se inyecta botox, haciendo guiños al mejor postor. Y por el camino se deshace de los podríos, que no hacen más que joder. A los podríos se los manda pal coño, a donde no molesten y donde no se vean, que mira que son feos, los muy jediondos.


La gentrificación, como decimos, amenaza y agrede por doquier.
¿Quién no recuerda la vista desde la Playa de Las Canteras de aquella enorme pintada en letras blancas sobre la falda de una loma en la Carretera del Norte: "GUANARTEME Y CHILE NO SE EXPROPIAN"? La pintada se fue borrando, como se ha ido borrando la combatividad de los urbanitas macdonalizados all around the western world.


Tenemos que volver a escribirla. Tenemos que volver a montarla.





jueves, 20 de noviembre de 2008

Queremos ser tu banco

a) "Bancocracia" es el nombre que Marx empleó para referirse a la burguesía financiera, distinguiéndola de la burguesía industrial en su clásico esquema de las relaciones productivas.


b) La tarta de chocolate es un dulce que produce intensas descargas de placer en el seno del hipotálamo, induciendo un estado hipnótico en la persona que la consume y provocando que esta pierda toda noción de cantidad y se emboste, pagando caras las consecuencias.



1. Me habían sustraído setenta euros de la cuenta del banco por la puta cara. Esperaba mi turno en la sucursal donde había abierto mi cuenta, años atrás, para pedir explicaciones. Cuando al fin pude sentarme y antes de que empezara a exponer mi queja, el empleado que me atendía al otro lado de la mesa me enseñó una lámina donde figuraban distintos modelos de tarjetas de débito y de crédito, de diferentes colores y diseños, muy bonitas, y empezó a hablar a toda velocidad:

"Mire, tiene usted la oportunidad de ser feliz para siempre con la ayuda de una de estas tarjetas, productos exclusivos que le ofrecemos por ser usted y porque somos su banco y queremos ser su banco y es por ello que puede usted pedir hasta dieciochomil, sí, lo ha oído bien, 18.000 euros fresquitos fresquitos para comprarse sus cosas, esas que tanto le gustan -sufrí de pronto un pinchazo en el bajo abdomen, en el punto que los japoneses denominan hara, justo debajo del ombligo, y recordé sobre la marcha la deliciosa tarta de chocolate que me había jincado justo antes de salir para, siguiendo una vieja costumbre, calmar la ansiedad que me producía la perspectiva de tener que venir al banco- y con estas tarjetas que ahora le muestro en esta ilustración personalizada para usted y para las necesidades y/o apetencias que usted sin duda tiene en este preciso instante puede usted pagar en más de cinco mil millones de comercios repartidos por todo el orbe terráqueo y próximamente también en el shopping center que pronto abrirán adosado a la estación espacial de la NASA y que podrá usted visitar pagando el billete espacial a la venta por internet a partir del próximo 26 de mayo mediante una de estas tarjetas en una oferta exclusiva para nuestros clientes como usted al precio de 12.000 euros con lo cual le suguirían quedando 6.000 euros para gastar cuando llegue a la estación espacial o bien guardarlos para, a su regreso a la Tierra, hacer frente a los gastos que pudiera tener o para lo que usted quiera, insisto, aquí el cliente manda".

Comenzaron así los sudores fríos al tiempo que el dolor de barriga se intesificaba, el interior se ponía en movimiento, agitado por movimientos sísmicos y erupción de volcanes y géisers.


2. El endeudamiento generalizado se ha convertido en un principio fundamental en nuestras sociedades opulentas que desborda el análisis meramente económico para definir los modos de vida habituales, es decir, nuestra cultura, en términos ideológicos. La deuda es el motor de la actividad económica: se trabaja para pagar la deuda, la hipoteca, el crédito, y se vive a merced de los cambios en los tipos de interés, las fluctuaciones, las subidas y bajadas que imponen las estrategias bancarias, los artefactos financieros de mala calidad que nos venden o simplemente una situación macroeconómica irracional. El capital bancario, a su vez, es deudor de nuestro salario depositado en las cuentas corrientes. Y es deudor también de otros capitales bancarios, que quién sabe de dónde salen.

Cuando echamos la vista atrás buscando una panorámica genealógica de los procesos de concentración y expansión del Capital, así con mayúscula, y nos remontamos al periodo estudiado por Marx (los siglos XVI-XIX, comienzo de la era de la expansión) vemos que el crecimiento acumulativo fue mayormente impuesto mediante la violencia imperial ultramarina (los genocidios nunca reconocidos en todos los continentes y el consiguiente saqueo) y la violencia contra el campesinado europeo forzado a abandonar sus tierras para incorporarse a la masa del proletariado urbano, al cual, como es bien sabido, se le explota a gusto. El Capital en manos privadas siempre se ha nutrido de la energía vital de todo cuanto caiga dentro de sus redes. Y sigue haciéndolo.

El Capital, no lo olvidemos, tiende a la entropía. La consigna es: "Si tienes dinero, tendrás más dinero; si no tienes dinero, no tendrás dinero". Así funciona el rollito.


3. Amy era la hija ilegítima del menor de los Rockefeller y, pese a no haber sido reconocida oficialmente por su padre, ocupaba un alto cargo directivo en la sección neoyorkina de Morgan Stanley, banco del cual la famosa familia es accionista mayoritaria. La había conocido en Harvard, años atrás, y quiso la casualidad que coincidiéramos una noche en una cena que Tony Palmer ofreció para recibir a una estrella del rock inglesa (juro que no recuerdo si era Mick Jagger o Elton John o algún otro de esos artistas equívocos que tanto le gustan a Tony) en su piso de Manhattan. Yo era en ese contexto un claro advenedizo que venía acompañando a James McDonald, mi superior en la oficina de Wall Street. De ahí la alegría de encontrarme con Amy después de tanto tiempo aquella noche en que todas las caras me resultaban desconocidas y un punto hostiles. No voy a aburrir a nadie contando de qué hablamos ni cómo fue que esa noche se fraguó una relación que habría de durar siete largos meses.

Una tarde de otoño, estaba con Amy en su apartamento de Long Island. Habíamos estado bebiendo Bourbon y esnifando cocaína y a mí me había dado por filosofar. Siempre me gustó la disertación erudita. En Harvard, Massachussets, cuando era estudiante de tercer año, incluso edité una revista de pensamiento jurídico y en torno a ella organizábamos charlas y coloquios sobre temas dispares. Pero con la que estaba cayendo en aquellos momentos yo sólo podía pensar en la "crisis". La intervención del estado en ayuda de las instituciones financieras con problemas suponía una clara contradicción de las teorías liberales en las cuales yo había creído siempre. Yo me crié con Friedman y Hayek y soy de los que sigue pensando que la intervención de Roosevelt en los años treinta, más que solucionar la crisis, contribuyó a agravarla. Bien es cierto que sin esa ayuda que ahora se destinaba nos íbamos a pique, o al menos tendríamos que hacer cambios estructurales de calado y grandes sacrificios a los que no nos sentíamos inclinados. Y hablo en plural porque yo, a pesar de ser un simple directivo que sólo posee discretos paquetes de acciones en algunas de las compañías afectadas, me siento una parte integrante de esa cultura de la libertad que tanto progreso ha traído a este sucio mundo y que la banca internacional representa mejor que nadie.

Le hablaba a Amy de la libertad, del viento y de las fuerzas de la naturaleza que se desatan, de la naturaleza humana que es capaz de desatar vientos más poderosos que aquellos que azotan el Golfo de México, del crecimiento de las mareas y del movimiento de capitales. ¿Qué ha fallado? le preguntaba a Amy, pero ella estaba absorta, preparando una tarta de chocolate. La libertad, seguía yo, ese bien supremo, está en nuestras manos, la libertad absoluta, esa utopía que el hombre persigue desde el comienzo de la humanidad, la libertad en forma de poder, igualada al poder, la libertad y el trabajo de conseguirla, el juicio racional, el cálculo, la estrategia... Sí, es cierto que la libertad impone una lucha en la que hay que mantener la cabeza fría, asumir los riesgos, ser implacable con el adversario, saber forjar alianzas y saber romperlas cuando la situación lo aconseje, ese vértigo incomparable del combate y la incertidumbre, sólo apto para los individuos más fuertes, la magia de los números, los experimentos y la alquimia del juego de valores, saber jugar a las cartas, intuir las reacciones a nivel mundial, saber que cada paso está sometido al escrutinio de la historia y saber que la historia es la historia de los ganadores.

La naturaleza humana es caótica y toda vida social se mantiene en equilibrios precarios. Sólo los fuertes saben imponer un orden, el orden de Apolo, en medio de la confusión y la congoja reinantes. (Amy jamás ha conocido esa congoja, pues tiene tanto dinero que hace siempre lo que le da la gana, como su amiga Paris Hilton. A decir verdad, yo tampoco sé qué es eso de la congoja, pero he leído mucho al respecto e intuyo que la congoja es lo que sienten los soldados que van a morir a la guerra). Escúchame, Amy: el ser humano es una bestial natural, un depredador omnívoro que guía sus pasos de acuerdo con el instinto de supervivencia y la voluntad de poder. Está dotado de una máquina perfecta de raciocinio, que es el cerebro, y está inspirado por una luz de la que nada sabe. En este mundo unos pocos se salvan, los más perecen en la ignominia. Nosotros, los nuestros, estamos llamados a triunfar y a traer la luz al mundo puesto que hemos sido colocados en la cúspide de la pirámide por la corriente de la historia. El orbe entero nos mira y las naciones se someten a nuestro criterio; el vulgo nos imita o perece: los que no entienden el significado de la verdadera libertad están condenados a la ruina y a la barbarie. Somo capitanes de navío en el océano del tiempo, como aquellos antepasados que abrieron las nuevas rutas comerciales, aquellos hombres valientes y duros que enfrentaron mil peligros y supieron someter a los más abyectos pueblos paganos, llevando el orden del número, la justa medida, el principio del progreso a los más remotos confines. Queda mucho por hacer, Amy, amor mío, y ahora estamos en tiempo de contracción, la marea está bajando afuera, en la playa, y el capital que el estado nos insufla en estos tiempos anuncia una nueva ola de inversiones, una nueva crecida, aún mayor, en concordancia con el aumento del nivel de las aguas del deshielo: quien quede por debajo de los límites que hemos de imponer perecerá ahogado, es la ley natural. Impondremos unos límites, seremos despiadados en aras de un progreso mayor, el mundo ya se unifica en torno a nuestro concepto y la luz de nuestra belleza, el brillo inigualable de nuestra potencia, cegará a los herejes y causará maravilla y pavor.

Amy había acabado de preparar la tarta y me miraba, en pie. Estaba desnuda de cintura para abajo. No se había molestado en vestirse después de que hubiéramos terminado de hacer el amor. Todo estaba en desorden en su apartamento y ya atardecía. En el atardecer las ideas a veces se tornan sombrías, la luz decrece y el ánimo ha de bregar para entrar con buen pie en la noche. Amy, mi dulce Amy, niña descarriada con cuatro masters en publicidad, dime qué es lo que quieres, dime qué puedo hacer por ti, dime cuáles son tus apetencias, ay, mi bien, aún no sé quién eres del todo, qué es aquello que guía tus pasiones, qué es aquello que te hace sentir bien. Ella me miraba sin decir nada, burlona. De improviso, esbozando una sonrisa, me dijo:

Do you know what I like the most?

Cake fart.

http://www.cakefarts.com/

lunes, 17 de noviembre de 2008

Más de lo mismo

¿Qué ha salido del asadero que el G 20 ha celebrado en la cumbre?

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=76075


Mientras tanto, por aquí y por allá, los despidos avanzan, los conflictos continúan.

martes, 28 de octubre de 2008

Krach

Todo el mundo habla de la Creisis International, pero es manifiesto que no conocemos los detalles técnicos de la falla en los mecanismos financieros que golpea con furia los cimientos del sistema: esas cosas hace tiempo que no nos incumben, son asuntos olímpicos, asuntos de palacio, cosas top secret, un rollo tártaro de números y porcentajes que sólo los economistas saben desentrañar. Sin embargo y al mismo tiempo, la idea es sencilla y la hemos captado: hay una quiebra del sistema de créditos por el desvanecimiento de una ilusión de riqueza virtual que durante los últimos treinta años, a partir del despliegue del neoliberalismo, ha adquirido rasgos netamente teológicos. La crisis actual es, fundamentalmente, una crisis de fe en la bondad (y viabilidad) de un sistema basado en la búsqueda del enriquecimiento personal que dice inspirarse en las tesis de Adam Smith y su besuqueada mano invisible dieciochesca. Ciertamente pocos han leído a este filósofo escocés, padre de la economía política, pero entre los que lo han hecho hay una línea histórica que une los nombres de David Ricardo, Karl Marx y Milton Friedman. Este último, íntimo de Arnold Schwartzenegger, padre de los Chicago Boys (conocido grupo de gogós de la economía que acudían a animar las fiestas de Pinochet), es el que más énfasis ha puesto en que la búsqueda del egoísmo individual dará como suma el bienestar y el progreso de la humanidad y cómo ese impulso debe ser gestionado por el gobierno de cada país. Pues bien, parece que Milton ya no es fashion. Freedom to choose: we don't want you anymore, Milton, sorry. It´s been fun.

¿Y quién vuelve, remozado, a los anaqueles de las librerías en Alemania, bendecido por el arzobispo de Canterbury y el Papa, leído a hurtadillas al parecer por el mismísimo Sarko y quién sabe si también por la bella Carla Bruni, quién, quien? ¿Cómo le dicen? ¿Como se llama?


¡OBAMA!



No señores, no. Se llama Karl Marx.





Pero, la crisis, ¿viene? ¿Y si viene?


La respuesta está inscrita en el marmol de una lápida monumental en el cementerio de Highgate, al noreste de Londres:


WORKERS OF ALL LANDS, UNITE!

sábado, 4 de octubre de 2008

Elitismos 2: Canarios

Como cantaba el trovador: "Yo soy canario, con el corazón norteamericano". Cualquier persona con dos, tres, cuatro o incluso cinco dedos de frente se da cuenta perfectamente de que USA es el mejor país del mundo y el modelo a seguir para cualquier nación que crea en el progreso y en el bienestar. Canarias, como sabemos, no ha alcanzado nunca el estatus de nación que sí han obtenido otras colonias ultramarinas desde las aventuras de Fernando e Isabel. Sin embargo, utilizaremos la palabra "país" para referirnos a Canarias a lo largo de este texto ya que la etimología así lo permite, habida cuenta de que el vocablo se refiere a la población de una región o cantón.

Así pues, en este país canario existen sectores de la población que aman a USA más que a sus propias madres, y hacen bien, sin duda, porque USA es la hostia. Allí saben lo que es trabajar duro para salir adelante, asumir riesgos, invertir, reinvertir, estar al tanto de las oportunidades (chances), competir, abrirse camino en la jungla de los business, imponerse por la fuerza de la fuerza y comer cosas que lleven mucha grasa de cerdo y mucho azúcar, porque con tanto riesgo se gastan muchas calorías, y es conveniente ir bien cebado a las sesiones de la bolsa, sobre todo estos días de incertidumbre existencial, cuando parece que muchas certezas se van a la mierda.

Hace unos años, cuando aún gobernaba en Canarias Adán, el primer hombre, leí en la prensa unos comentarios suyos en los que afirmaba que la ciudad de Las Palmas podía llegar a convertirse en una metrópolis similar a Miami. Adán adoraba Miami y solía viajar a Miami y pasearse por Miami y pensar: "Las Palmas podría ser como Miami: un paraíso latino". El referente latino es fundamental. Como todo el mundo sabe, Canarias comparte buena parte de su historia e identidad con Latinoamérica, en especial con Cuba y Venezuela. Lamentablemente, estas dos naciones se encuentran hoy hundidas en el infierno del socialismo y no son buenos modelos a seguir para Canarias, que es en términos absolutos la séptima potencia económica del continente africano y aspira naturalmente a más. Miami en cambio es y ha sido siempre tierra de libertad y abundancia, "puerta de las Américas", una ciudad vertebrada por la aerolínea Pan Am, en cuya sede se encuentra el ayuntamiento de la ciudad, el mayor puerto turístico de USA, morada de latinos emprendedores amantes del business, zona de ocio, de campos de golf, de playas de arena rubia, de rubias y mulatas en tanga, de tangas de colorines, de películas porno con abundante silicona y amor anal, sol y mar, verde palmar, el aire oliendo a bronceador y los latinos zampándose las Big Mac mientras escuchan a Gloria Estefan, a la espera de que se mueran los Castro para poder lanzar sus anzuelos en el prometedor mercado cubano y reclamar lo que antaño fue suyo, cuando al fin la libertad ilumine a la isla, patria de tantos exiliados.

Canarias puede ser como Florida, USA, y Las Palmas puede ser como Miami, Florida, USA. Las élites de Canarias gustan de ir de tanto en tanto a Miami, porque en Miami hay muchísimas cosas guapísimas. Hay sectores de la población canaria a quienes gusta acudir a Miami, USA, porque allí se sienten verdaderamente a gusto. No invento nada, ¿a quién no le gustaría pasar un tiempito en Miami, en Palm Beach, Florida, USA? Las élites canarias se van con el cachorro y el naife a Palm Beach y se sienten en casa, porque Florida es la patria de los latinos emprendedores de todo el mundo. Ellos saben lo bonito que es ser canario, con el corazón norteamericano. Por eso se han apuntado en masa en la Cámara de Comercio Americana de Canarias, por eso sueñan con instalar un Disneyworld en el barranco de Ayagaure o en alguno de esos solares desérticos del sur, que nada más que tienen matorrales y bichos, que si no liberalizamos un poco el suelo no vamos a llegar a ningún lado, cojonones, que parece que vivimos en el comunismo, que no se puede ni construir cuatro paredes, con lo bien que iba a quedar el Disneyworld de temática africana en esos sures pelados de mierda, tanto barranco desaprovechado en esta isla por culpa de la desidia canaria, que estamos aplatanados, coño, que hay que ponerse las pilas, pico y pala es lo que hace falta, parece que no se enteran, que en América se ríen de nosotros por lo vagos que somos, que así no vamos a llegar nunca a nada, me cachen diez.

La gente de Adán, el primer hombre, y su sucesor Paulillo, el elocuente, y los hombres del señor con bigote, todos ellos canarios de pura cepa que aman el timple y celebran homenajes a Manolo Millares (porque lo cortés no quita lo valiente, si hace falta se le hace también un homenaje a Tony Gallardo o a Fernando Sagaseta incluso, porque aunque rojos, no dejan de ser canarios pese a todo y lo importante es la hidentidad), estos prohombres de nuestra tierra, digo, quieren un País Canario profundamente Miami, con mucho yate y mucha corrupción, que se acabe ya el régimen este de Terror y se pueda de una vez hacer empresa, que es lo bonito de la vida, y sacar Canarias adelante, que la van a flipar los americanos con nosotros, a ver si sabemos o no sabemos hacer las cosas bien.
















miércoles, 24 de septiembre de 2008

Acción Directa


Muchas de las personas que reivindicamos los valores de la izquierda desde el salón de casa, delante de un buen libro de algún reconocido autor marxistoide, tomándonos un cafecito y fumando un cigarrito mientras pensamos en la gloria de la Revolución, consideramos lo difícil que es hoy en día llevar a cabo una propuesta concreta de acción netamente revolucionaria: no está el horno pa bollos, pensamos. Qué hacer, qué hacer, qué hacer y cómo, nos hemos preguntado muchas veces, sabiendo que la respuesta es "no lo sé", reconfortados en nuestra cómoda frustración. "El pueblo tiene que unirse y salir a la calle", oímos de vez en cuando, sin tener muy claro qué es eso de "el pueblo". Las antiguas categorías del folclore revolucionario nos llenan la boca de baba, y los ojos se nos inundan de lágrimas cuando escuchamos las viejas canciones de Víctor Jara y de Quilapayún. Hay quien incluso sigue sintiendo en lo más hondo la letra de "la Internacional". La siente muy hondo y poco más, porque luego sigue con el cafecito y el cigarrito y se va al cine a ver "Che, el argentino" y piensa: "Vaya, no está mal, no me lo esperaba, es una buena película", y luego sale del cine y se va a comer un helado y luego a tomar unas cañas y luego vuelve a casa y se acuesta, que mañana hay que ir a currar. Mañana seguiremos pensando en la Revolución, que está guapísima. Antes de dormir, recitamos inconscientemente nuestras oraciones: "Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy". Y nos dormimos y soñamos con tórridas escenas de homosexo entre Marx y Engels y de vez en cuando aparece también Bakunin, que es un poco puta, y Lenin arengando a las masas con los soviets vestidos de cuero tras él y cosas así, cosas así, cosas así, zzzz, zzzz.

Otras personas, en cambio, personas verdaderamente excepcionales, pasan a la acción directa. Y aquí quería yo llegar. ¿De donde viene la crisis de la qué tanto se habla? ¿Qué pensamos de los bancos? Yo normalmente me cago mucho en los bancos (especialmente el Santander), pero no hago nada. Tengo dos tarjetitas de débito y una visa que me deja endeudarme hasta 1.200 euros que luego he de pagar a toda prisa si no quiero que los intereses me devoren. He recibido además una oferta reciente mediante la cual puedo pedir hasta 6.000 euros para gastos de consumo (un coche, un viaje, un arreglo doméstico, una tele de plasma, las obras completas de Marx encuadernadas en rústica, una Fist Fucking Machine, lo que sea) que luego se convierten en 8.000 y pico al devolverlos, podría ser peor, por eso es una oferta, un chollo, vamos. El caso es que hace unos días dos jóvenes entraron en el vagón del metro en que me encontraba yo pensando en las musarañas. Iban repartiendo con alegría una publicación de número único titulada "Crisis: Publicación gratuita para sobrevivir a las turbulencias económicas", y explicaban a quien quisiera escuchar que en el interior se informaba, entre otras cuestiones, de la acción de un joven que había pedido 492.000 euros en préstamos a diferentes instituciones bancarias, había donado el dinero a diversos movimientos sociales y se había dado a la fuga. Parte del dinero se había usado para financiar los 200.000 ejemplares que se repartirían a lo largo del día 17 de septiembre por territorio catalán. Cuando después leí la "confesión" del autor de la hazaña (un activista llamado Enric Duran que había planeado esta acción durante dos años) sentí la liberación de aquella cómoda sensación de frustración que normalmente me embarga, ay de mí.


Como es natural, la noticia ha tenido muy poca difusión mediática. En cualquier caso, aquí va el link de la publicación (tiene versión en diferentes lenguas):





Hay más información al respecto en la web, incluso en youtube, si buscamos por el nombre de Enric Duran. Que cada cual saque sus conclusiones. Desde aquí, saludamos al Enric y le deseamos suerte, dondequiera que esté.



En algún momento habrá que despertar, digo yo.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Ugly things, cosy things

En uno de sus libros, Pasajes de la vida negra (por desgracia inencontrable, como tantos otros títulos del autor), Graham de la Cruz defiende una poética que ilumine ciertas cuestiones soterradas y dejadas de bando por la intelectualidad oficial. En la línea de sus siempre venerados Georges Bataille y Walter Benjamin, De la Cruz elabora una especie de ficción poética, que unos han calificado simplemente como poema en prosa y otros, más perspicaces, como "salmodia intermitente", mediante la cual ciertos fetiches de la cultura de masas son confrontados con el paso del Tiempo, dimensión que cobra metafóricamente la forma de una determinada arquitectura urbana, en este caso, la ciudad de Amsterdam. Transcribo aquí un fragmento:

Estaba en Amsterdam, estaba enamorado, y buscaba por todas partes una Fist Fucking Machine. Era el final del verano y no esperaba encontrar ese frío. No recordaba el frío mojado de Amsterdam. Paseábamos por el Jordaan y los nombres de las calles volvían a encontrarse con la imagen suelta de la retina. Me asombraba ese desconcierto, pues no habían pasado tantos años, en el que la memoria había disociado nombres y canales, calles y nombres de calles y nombres de antiguos compañeros de universidad que ya no vivían allí y nombres y más nombres y calles y canales sin nombre, flotando sobre las aguas del olvido los nombres de los canales del olvido del nombre, quedando en el limbo de las imágenes los canales sin nombre y las calles sin nombre y las plazas sin nombre, y en el limbo de los nombres los nombres de los canales y calles y plazas de las que la memoria había disociado de sus correspondientes imágenes, de ahí el desconcierto. Pero pronto volvía todo a su sitio y se asentaban los nombres al pisar las calles, a la vera de los canales, caminando y contemplando y comentando las casas de Amsterdam, casas donde parte del interior suele quedar a la vista del flaneur. Amsterdam es una ciudad bella, sobre todo cuando los árboles aún conservan las hojas, cuando le da la luz. A plena luz del día se extendían personas en las terrazas, pese al frío, buscando la luz que ya se despedía, que quedaría sepultada por las tinieblas permanentes del invierno a partir de octubre, con el cambio oficial de hora. A plena luz del día caminaba enamorado e iba buscando desesperadamente una Fist Fucking Machine.

Recordaba haberla visto años atrás en el escaparate de un sex shop cerca de la Centraal Station. También aquí la memoria había quedado un poco difuminada y no podía precisar la ubicación exacta de la calle. Había tiempo, todo el día para pasear. Amsterdam es bella en el sentido burgués del término, con sus casas que dan al canal, sus árboles, las formas desarrolladas desde el siglo XVII, el siglo de oro de la ciudad, los inconfundibles tejados, las estructuras altas y estrechas, el pavimento de ladrillo rojo con las ondulaciones de los puentes, la misma ondulación que los canales imponen a las calles, las imágenes de casas que se evaden de la vista con la curva del canal y que uno al caminar también va ganando, en otras paredes de otras casas que van apareciendo al doblar la curva, sobre el agua, medio encubiertas por el verdor de los olmos en verano, aunque hacía frío ya y se podían probar los vientos y la lluvia a rachas de Holanda, la lluvia que trae el viento haciendo extrañas curvas por los meandros de los canales. Parte de la belleza de Amsterdam proviene de la abundancia de curvas en contraste con los tejados puntiagudos de las casas de la burguesía protestante, los numerosos comerciantes y banqueros de antaño, ejecutivos de hoy, intelectuales y artistas y comerciantes y ejecutivos de hoy que pueblan el centro de la ciudad. En Amsterdam abundan las curvas, sí. Pero el movimiento de la Fist Fucking Machine no conoce las curvas, pues es básicamente percutor.

Como todo el mundo sabe, la Fist Fucking Machine es una especie de taladro hidráulico en cuyo extremo se ha insertado un puño de látex de tamaño natural. Funciona con una batería de alimentación eléctrica y se acciona apretando un botón que libera el mecanismo mediante un juego de pistones de gran potencia. Se usa para dar y recibir placer o, con más propiedad y en palabras del Dante, "per dare e ricevere il piaccere", normalmente de forma anal, "alla maniera". Nunca he podido averiguar quién la ideó, pero intuyo que se trata de un invento oriental. Recordaba haberla visto en el escaparate de un sex shop en la Haarlemerstraat, cuatro años atrás. Sin duda resultaba ingenuo pensar que aún continuaría en el escaparate, pero quizás, al reconocer el establecimiento, podría preguntar si aún disponían en stock. Yo la había visto por primera vez una mañana en que iba buscando una farmacia. Era una mañana limpia y azul, yo alzaba la vista al cielo y respiraba el aire frío, buscando el sol. Quería calmarme porque en realidad estaba histérico. Caminaba buscando una farmacia, buscando una paz que no llegaría. Miraba todos los escaparates con ansiedad, las tiendas de souvenirs, los establecimientos de los turcos ofreciendo falafel a un precio muy razonable, las boutiques de ropa jipiosa, los coffee shops, un sex shop, otro falafel, tres tiendas más de souvenirs, otro coffee shop, una pizzería, más ropa jipiosa y de pronto, en el escaparate del tercer sex shop, mi vista se clava en un lujoso set de dildos de todas las formas, colores y tamaños imaginables, encajados en blanco porexpán dentro de una enorme caja plastificada, de luxe. En medio de los dildos estaba la Fist Fucking Machine, y ella sola centraba naturalmente toda mi atención. La existencia de un ingenio como la Fist Fucking Machine a esa hora de la mañana, en ese preciso instante, en ese lugar de una ciudad del norte, la calle con los turistas madrugadores, los lugareños desayunando krokett, las gaviotas gritando en el cielo, los canales, siempre los canales, mi mirada clavada en la Fist Fucking Machine, la reflexión de pronto, haciéndome olvidar el viejo desasosiego y trayéndome uno nuevo, muy intenso.

Estaba enamorado y caminaba por Amsterdam, hablábamos del cambio y del olvido y entrábamos en todos los sex shops que salían a nuestro encuentro, en busca de la Fist Fucking Machine. Recorríamos los canales y las calles adyacentes realizando recorridos sinuosos por el centro de la ciudad, manteniendo una tensa gravitación en torno a la Centraal Station, que habría de engullirnos cuando concluyera nuestra visita a Amsterdam, Amsterdam, la ciudad de los canales, la Venecia del norte. En Amsterdam aman la música barroca veneciana y en la ciudad viven afamados especialistas en el campo de la interpretación con criterios historicistas. Deambulábamos por el Barrio Rojo y entrábamos en todos los sex shops, pero no había rastro de la Fist Fucking Machine. De paso mirábamos las revistas y las películas en las estanterías. Fue hasta cierto punto emotivo reencontrar, gracias al rigor de clasificación de los holandeses, toda una sección dedicada al "Pees & Shit". Se trataba mayoritariamente de producciones alemanas cuyas contraportadas ofrecían fotogramas en los que se apreciaba a los actores haciendo el amor embadurnados de mierda, normalmente maduros obesos acompañados de toxicómanas, un clásico. Su precio rondaba los treinta y cinco euros cada DVD, precio de delicatessen. Había un pack de tres DVDs titulado "Scatho Box" de envoltorio dorado que no tenía fotogramas, misterioso, ocultaba sin duda muchos secretos. El pack costaba quince euros. Finalmente nos dirigimos hacia la Haarlemmerstraat, decididos a concluir la agonía de la búsqueda. Cuando vamos al mercado, siempre es mejor ir a tiro hecho, porque si no seremos devastados por la melancolía de la abundancia. Ya habíamos tenido nuestra borrachera de varieties, y se imponía el sentido común. Enfilamos calle adentro y volví a recorrer todos los escaparates con ansiedad, las tiendas de souvenirs, los establecimientos de los turcos ofreciendo falafel a un precio muy razonable, las boutiques de ropa jipiosa, los coffee shops, un sex shop, otro falafel, tres tiendas más de souvenirs, otro coffee shop, una pizzería, más ropa jipiosa y de pronto, en el escaparate del tercer sex shop mi vista se clava en el enorme vacío dejado por el set de dildos de luxe que antaño lo presidía todo. A veces las cosas no salen como esperamos.
Entramos en la tienda. En Amsterdam todo el mundo sabe hablar inglés y el inglés está por todas partes. En todo el tiempo que viví allí nunca conseguí aprender el holandés debidamente, porque todo el mundo era proclive a hablar en inglés. Me dirigí al dependiente y, un poco azorado, con voz trémula, le pregunté:
"Do you still have any Fist Fucking Machine?"