lunes, 25 de agosto de 2008

El negro indio

Te metiste conmigo, pajarito. Desde que llegó al poder hace ahora diez años, la gente no para de hablar de Chávez. La opinión es más o menos unánime: se trata de un nuevo caudillo populista en un país atrasado y corrupto, un militarote ávido de poder, un iluminado, megalómano, charlatán, ridículo pero peligroso, un demagogo de verborrea inconexa, un bruto, autoritario, dictadorzuelo, un loco, un rufián enamorado de Naomi Campbell, un ignorante y un simio. Un gorila para ser más exactos. El gorila, por su parte (Gorilla gorilla o Gorilla beringei), es el mayor de los primates, vive en el continente africano y está en serio peligro de extinción. Siempre he pensado que el hombre procede del gorila en la misma medida en que procede del cerdo (no pretendo ser científico) y no me interesa subrayar aquí las tesis darwinistas (que bastante darwinismo tenemos ya con el darwinismo social) pero acaso sea interesante que sepamos algo más acerca de este impresionante mamífero, inspirador de uno de los calificativos con los que se fustiga a Chávez e inspirador, igualmente, de la película King Kong:

El físico y misionero americano Thomas Staughton Savage fue el primero en describir el Gorila occidental (lo llamó Troglodytes gorilla) en 1847 a partir de especímenes obtenidos en Liberia. El nombre es derivado de la palabra griega Gorillai (una «tribu de mujeres peludas») descrita por Hanno el navegante.

Puede que Chávez se parezca más a un gorila que tú, pero tú a lo mejor te pareces a un chimpancé, o a un mandril, o a un tití. Todos tenemos algo de mono, para qué nos vamos a engañar. Hay muchísimas variedades de monos, muy diferentes entre sí. Algunos incluso caminan erguidos como nosotros, erectos como tú, y los hay con la cara negra o blanca o de colorines, más o menos como nosotros también. La cuestión no es esa. Como tampoco lo es, aunque se acerque más, el hecho de que Chávez sea un indio negro. Porque eso es lo que realmente es, él mismo lo dice.

La cuestión, decimos, es que Chávez no mira hacia nosotros cuando gobierna. No pide permiso ni le preocupa que cuatro cantamañanas a sueldo del grupo Prisa o la Cope le llamen gorila o critiquen sus maneras y sus programas de televisión. Chávez no gobierna para nosotros. Chávez gobierna para Venezuela y para América Latina, en el contexto de unas sociedadades con los mayores índices de desigualdad económica (y cultural) del planeta. Venezuela, el país de los culebrones: Mi vida eres tú y solamente tú, tratando de explicar, su mano le tomé y la intenté besar... Mi vida eres tú y solamente tú, abrázame y verás que aún en nuestro ser hay fuego que apagar... Mítica Cristal.

Venezuela, por lo que sabemos, es un país que desde 1959 hasta 1998 ha vivido dominado por tres grandes partidos que se alternaban en el poder en una dinámica de "punto fijo" ( Acción Democrática, COPEI y Unión Republicana Democrática) acordada mediante un "pacto de gobernabilidad". En esos años, la izquierda fue perseguida. El país aprende una cultura del derroche durante los setenta y ochenta, a partir del boom petrolero (1974-75), cuando la corrupción hace estragos y todo "está barato". Copiar y pegar:

Las presiones para el pago de la deuda externa produjeron la devaluación del bolívar, en el llamado Viernes Negro de 1983, desde ese momento el país se ve inmerso en una prolongada crisis económica. A continuación, Carlos Andrés Pérez es nuevamente elegido durante los comicios de 1988; este, al asumir la presidencia, buscando solventar la crisis financiera, adopta una serie de medidas que trajeron como consecuencia más notable el llamado "Caracazo" de 1989.

El 4 de febrero de 1992 Hugo Chávez lidera una rebelión militar y ejecuta un intento de golpe de estado en contra del Presidente Carlos Andrés Pérez. El intento falla y Chávez es apresado. Sin embargo, a partir de este momento Chávez comenzará a gozar de una gran popularidad y en diciembre de 1998 es elegido Presidente por mayoría de votos, contando con el apoyo del partido fundado por él, Movimiento V República, y una alianza popular llamada «Polo Patriótico», conformado por partidos izquierdistas como Patria Para Todos, Partido Comunista de Venezuela y Movimiento al Socialismo. Esta alianza busca impulsar una revolución de izquierda, inspirada en ideas socialistas de diverso origen, cuya motivación es lograr cambios políticos, económicos y sociales en procura de una mejor distribución de los ingresos petroleros del país.
En 1999 se aprobaría en un referendo popular la nueva Constitución que cambiaría de nombre oficial al país, de República de Venezuela, a República Bolivariana de Venezuela y ampliaría los derechos estipulados en la anterior constitución nacional.
En el año 2002 comenzaron grandes protestas en su contra, debido a la aprobación de una serie de 47 leyes a través de un decreto habilitante, que según el gobierno tenían como objetivo promover una nueva reforma agraria, beneficiar a los campesinos, al pescador artesanal y reactivar miles de hectáreas de tierras ociosas en manos de grandes latifundistas, como cambios fundamentales. Además, hubo cambios en la Junta Directiva de la empresa petrolera estatal PDVSA. Chávez buscaba eliminar el control que la oposición aún tenía de la industria petrolera mediante la nómina ejecutiva de PDVSA. En abril de 2002, tras una manifestación multitudinaria de la oposición que tuvo como excusa los cambios en PDVSA, se consumó un golpe de estado contra Chávez que lo derrocó por menos de dos días. Ese mismo día se genera uno de los hechos violentos más relevantes de los últimos tiempos, la masacre de por lo menos 14 personas en la ciudad de Caracas: entre los muertos hay opositores y partidarios de la revolución. El dirigente de Fedecámaras (Cámara de patronos, Patronal) Pedro Carmona asume el poder al margen de toda medida constitucional, y junto a un grupo de personalidades políticas deroga todas las leyes aprobadas mediante la Ley Habilitante y disuelve el Tribunal Supremo de Justicia, la Asamblea Nacional y en general la Constitución, lo cual le deja pleno poder para gobernar la nación, hecho que incluso dentro de la oposición generó críticas debido a su fuerte contenido dictatorial. Esto minó rápidamente la imagen del gobierno de facto, que perdió el apoyo de algunos militares que lo apoyaron con vacilación, y Chávez es restituido el 13 de abril, gracias a una reacción cívico-militar en contra del gobierno de Carmona, que se basó principalmente en las ciudades de Caracas y Maracay. Chávez no ejecutó ninguna medida extraordinaria ni juicios sumarios sobre los participantes en el golpe de estado fallido, sino que proclamó un perdón moral y confió a los tribunales de justicia el proceso de los correspondientes delitos.
En el mes de agosto el Tribunal Supremo, con mayoría de jueces vinculados a la oposición, sentenció que no hubo golpe de estado y absolvió a los participantes de toda culpa. Producto de la impunidad generada por esta decisión, la oposición logró organizar ese mismo año un lockout patronal, que incluyó a la nomina ejecutiva de PDVSA, un paro general, llamado por los sectores afines al Presidente Hugo Chávez «Sabotaje Petrolero» o «Golpe Petrolero»; los opositores lo denominaron «Paro Cívico Nacional» que en un principio pedía un referéndum consultivo para aprobar o desaprobar la gestión de Hugo Chávez y luego pedía su renuncia. Durante su transcurso se vio afectada por inactividad operativa Petróleos de Venezuela, la compañía estatal de petróleo y pilar fundamental de la economía venezolana, con pérdidas estimadas entre quince y veinte mil millones de dólares para el país. La oposición pide la realización de un referéndum revocatorio (elemento que fue introducido en la nueva constitución), siendo realizado finalmente el 2004. En él Chávez es ratificado. El 3 de diciembre de 2006 fueron las elecciones presidenciales en el país, en las que Hugo Chávez fue reelegido como Presidente Constitucional de la República para el periodo 2007-2013 con el 62,84% de votos a favor.

Esos son los datos, someramente expuestos. Los vericuetos internos del periodo descrito ocuparían demasiado espacio y cualquiera puede informarse por su cuenta. Se recomienda a tal efecto hablar además con algún venezolano. Pero ojo: es imprescindible saber cuál es el nivel socioeconómico del venezolano en cuestión que nos informa, porque de ello dependerán visiones muy distintas del proceso bolivariano. La visión que aquí (en Europa) predomina es la de la élite blanca venezolana, sector que engloba también a cierta clase media crecida al abrigo del boom en los setenta, un sector que siempre se ha mirado en el espejo deformante de la sociedad estadounidense. ¿Por qué predomina esta versión? Simplemente porque es la que nos resulta más afín, más cercana a nuestro estatus socioeconómico y por ende a nuestra ideología. Pasamos por alto a toda la marabunta de chabolistas, negros, indios y podríos variados que conforma la mayoría del país y que no votan a la oposición. Una vez más, lo que piensen esos no cuenta, porque al fin y al cabo son unos ignorantes que se han quedado medio subnormales con las telenovelas que emitía la cadena a la que Chávez no renovó la licencia, el muy dictador. La cadena de televisión golpista de la que tanto se ha hablado, víctima de un atentado contra uno de los Derechos Humanos fundamentales, la libertad de expresión, que no ha podido seguir transmitiendo telenovelas, cultura basura y propaganda en abierto, rápido: llamen a Human Rights Watch, ahora tienen que emitir bajo cuota, como el Canal Plus, los pobres, ellos son los auténticos desheredados de la tierra.

Se critica el programa de televisión de Chávez, "Aló Presidente", por chabacano y disparatado, cuando su formato obedece a las más escrupulosas reglas de la oferta y la demanda en territorio venezolano y se realiza conforme a una determinada cultura popular, al parecer mayoritaria: lo que molesta en realidad es que Chávez no sea un ideólogo de la vieja escuela, un líder con el que pueda fotografiarse el filósofo de turno (como Sartre con Fidel) sino una persona que habla un lenguaje afinado con las cuerdas de la mayoría de su país y que usa la televisión asiduamente para dirigirse al público. Y si hace falta, canta una canción. No tiene mala voz. A esto se le llama "populismo". Para nosotros chirría, como chirrían para nosotros la cumbia villera y el reggaetón. Aunque el reggaetón en realidad no chirría, sino que perrea. Perrea, mami, perrea: Abúsame, pégate a mí sin compasión, llévame a la locura...

Molestan los modos de Chávez porque nos resultan barriobajeros. Aunque más bien hablan para los barrios altos, para los cerros de las chabolas a donde llegó el éxodo rural de los setenta. Es necesario informarse, insisto, es necesario no dejarse llevar por lo que digan los progres del grupo Prisa, esos pijos supremos que hoy manejan el cotarro de la información mediante una multinacional que tiene intereses económicos en toda América Latina y en Venezuela en particular, entre otros tantos lugares (http://es.wikipedia.org/wiki/Grupo_Prisa). Los pijos, en efecto. No debemos tragarnos la versión de los pijos, a menos que reconozcamos que nosotros mismos somos unos pijos, y a mucha honra. Pero si no somos demasiado pijos, vale la pena informarse e intentar sintonizar con el proceso que tiene lugar bajo los auspicios del "gorila rojo".

Se habla de corrupción en el seno del chavismo y, en efecto, la hay a patadas. Se habla de violencia callejera: presente; de inseguridad ciudadana: presente; de narcotráfico: presente; de ostentación: presente; de ignorancia: presente. Cada país tiene sus miserias, y en Venezuela hay miserias de muchas clases, por lo que parece. Pero nadie ha dicho aquí que Chávez sea (tomando prestada una expresión de Belén Gopegui) "la Inmaculada Concepción". La Revolución Bolivariana arrastra los males endémicos del país y al desplegarse comete errores e incurre en contradicciones. Pero presenta a la vez rasgos que permiten albergar serias esperanzas de cambio. Uno de esos rasgos es, precisamente, el mismo Chávez, "el gorila rojo" (Gorilla gorilla, Gorilla beringei, ver más arriba), que consigue interpelar políticamente a una gran mayoría de venezolanos anteriormente marginados de la vida política del país, como lo prueban las diferentes consultas democráticas (avaladas por organismos internacionales) en las que ha resultado refrendado. Sólo eso debería bastar para terminar con los epítetos que se le dedican asociándolo al autoritarismo. Lo que aquí llamamos "autoritarismo" no es más que la mínima determinación necesaria para sacar adelante una revolución por medios no-violentos. Expropiar esto o lo otro, nacionalizar esto o lo otro, renovar tal o cual licencia, sustituir tal o cual junta directiva. ¿Que resulta que esos medios enérgicos perjudican al grupo Prisa o a Repsol o al Santander? Pues que se la mamen. También el Santander me perjudica a mí, que hoy sin ir más lejos me ha quitado cincuenta euros de la cuenta por la puta cara, por concepto de no sé qué servicio no solicitado. En cualquier otra revolución les habrían rebanado las papadas sin remilgos a estos buitres. Ahora resulta que los pobres se tienen que conformar con ser socios minoritarios en las industrias clave. De nuevo: llamen a Human Rights Watch y díganles que Botín está en peligro.

Pero aún más interesante en el proceso bolivariano es el fortalecimiento de los movimientos populares de izquierda que tiene lugar en diferentes frentes de la sociedad y la cultura de Venezuela, la activación de los barrios y las diferentes comunidades y etnias, las alfabetizaciones masivas, el implemento de una democracia insurgente. En qué medida este implemento democrático, es decir, socialista, se consolide más allá de la dependencia de Chávez, dará una idea del triunfo o del fracaso de la Revolución.

Mientras tanto, ya pueden seguir comentando lo chungo que es Chávez y tal, que eso dicen por ahí unos señores que saben de esas cosas, de política y cosas de esas. Por favor, de uno en uno para el "porquenotecallas" con acento mongoloide, de uno en uno para descargarse el politono de "porquenotecallas" con acento cibermongol, ¿aún no lo tienes? El País -diario de vanguardia proletaria- decía ayer que había sido el politono más descargado del año: porquenotecallas, porquenotecallas, y, en efecto, me voy a callar porque en cualquier momento me imputan por injurias a su majestad borderline, y eso tiene multa gorda en nuestra democracia hiperavanzada, igual que es delito quemar un trapo de colores, y si no, que le pregunten a Franki, de Terrassa, que está en el talego y allí va a seguir un tiempito.












miércoles, 20 de agosto de 2008

Sin título



Las cosas no son blancas o negras.


Según el diario clandestino El País, hay en España 138.000 millonarios. Entiendo que la palabra "millonario" designa a la persona capaz de usar su dinero para producir más dinero en unas cantidades que le permiten estar siempre arriba y vivir a todo tren, aunque vete tú a saber lo que es un millonario. Lo cierto es que con la actual crisis económica hay gente que ha ganado más pasta que nunca. Qué tíos, más listos que el hambre (podríamos decir: tan listos como el hambre).


Al mismo tiempo, existen en los territorios ocupados por el Estado Español bolsas de pobreza escalofriantes (en Canarias en 2007, un 20% de la población, es decir, personas que cobran menos de 400 euros mensuales -según cifras del Ministerio de Asuntos Sociales) y abundantes asentamientos chabolistas, de los cuales el más grande de Europa se encuentra a las afueras de Madriz, capital del reino.


Las cosas no son blancas o negras.


En los países ricos no existen hoy las clases sociales.


Existen en el Estado Español (como en todos los estados capitalistas) personas con capacidad de decisión en asuntos económicos que afectan al conjunto de la población, propietarios de industrias y tierras decisivas, dueños de los medios de producción, poseedores de hermosas mansiones en el campito, jugadores empedernidos de golf. Se reúnen en sus juntas de accionistas y deciden democráticamente lo que hay que hacer para ganar. Después se embostan a delicatessen. Y se cuentan chistes graciosísimos y se hacen el amor de forma apasionada, lubrificados con petróleo latinoamericano. No time for losers, ' cause we are the champions of the world. El presidente del bigote que reinó hace poco con sus amigotes y para sus amigotes, se apropió de la teoría de los "campeones nacionales" seguramante de origen anglosajón: la promoción de una serie de empresas privadas de carácter multinacional a las que hay que mimar para que ellas hagan de España una nación que sea una, grande y libre, expandiéndose por los territorios de ultramar evocando tiempos gloriosos, agitando los billetes como antaño las velas de los navíos y enseñando los colmillos y la lengua amarillenta por las copas: o conmigo o contra mí, como aconseja la buena teoría neoliberal. Al cambiar el gobierno y entrar los rojos en tropel, blandiendo una hoz de confetti y un martillo de azúcar, causando enconadas iras en la sacristía por su manifiesta tendencia al amor contranatura y a los más diversos vicios, esas personas siguen siendo más o menos las mismas, un poco más orondas quizás. Muchas incluso militan entre los rojos o tienen relaciones carnales con ellos, acaso por el morbo de mezclarse con el proletariado.


Por su parte existen varias decenas de millones de mindundis que vamos al centro comercial en busca de ofertas (http://www.myspace.com/lendakaris), que no tenemos casa ni coche propios y que sólo disponemos de nuestra fuerza de trabajo, más o menos especializada, como medio de subsistencia, aunque algunos, como yo mismo, vengamos de buena cuna. Tenemos poder de decisión en la medida en que consumimos artículos del centro comercial, grandes ofertas, lleve tres y pague dos, y un boicot nuestro podría hundir alguna gran empresa, cosa que no haremos jamás por nuestro gran sentido práctico: 'tá barato. La hipoteca nos tiene cogidos por los huevos y ay que ahorral. Tenemos también la gran llave de la huelga general eterna, también llamada Revolución, pero nos resulta inconcebible por nuestra tenaz resistencia al pensamiento, ahora denostado como pura "metafísica". Nos basta la libertad de consumo, pues, realmente -pensamos- en el mercado se puede encontrar de todo. Y muy barato si nos tomamos la molestia de ir al centro comercial. A veces vale la pena hacer el esfuerzo de coger la guagua para ir al centro comercial a comprar. Desde luego es mejor en coche pero si no tenemos coche no pasa nada, en guagua se va bien. El problema es la vuelta cargando con las bolsas llenas de ofertas, bolsas de ahorro en el sentido más puro de la palabra. Es un poco coñazo volver con las bolsas, pero insito en que vale la pena porque ahorras. En serio, te llevas tres y pagas dos. Esa es la oferta. A veces cambia, por ejemplo: "Llévese diez y pague seis", pero rara vez supera, al menos en el mundo de la alimentación, el fenomenal "Dos al precio de uno": el cincuenta por ciento de ahorro, flipa. Pero cuando llega el "Tres al precio de uno" (3 x 1), entonces, sí. Entonces, sí. Entonces es cuando no hay excusa: hay que ir a comprar al centro comercial, al hipermercado del centro comercial, aunque esté pal coño; se coge la guagua y se va al centro comercial a ahorrar. Yo por ejemplo me compré el otro día tres paquetes de Mars mini, chocolates con exquisito relleno de caramelo, al precio de uno. ¿Te fijas? Compré uno y me ahorré dos. El planteamiento es irrefutable, desde luego. Y por eso nos convence. Nos convence de la democracia. Vivimos en democracia. Llevo tres y pago uno. Bisnaso.


Luego están los podríos, que no tienen ni pa tabaco, y que por lo general están locos o enganchados a alguna droga dura o las dos cosas y que no merecen ni una palabra más. Son y han de seguir siendo invisibles.


No existen las clases sociales porque todos somos ciudadanos sujetos a los mismos derechos y deberes. A unos ciudadanos les gusta pagar una y llevar tres bolsitas de Mars mini y a otros les gusta pagar tres y llevar tres helicópteros privados porque no reparan en gastos. Así de sencillo e impepinable. Repito: no hay más.


No existen las clases sociales, eso lo sabe cualquiera hoy en día.


Y las cosas no son blancas y negras.


Por eso hay que olvidar a Marx.


viernes, 27 de junio de 2008

Qué hacer: instrucciones para niños bien

El axioma fundamental para aquellos niños bien que, por romanticismo o por simple buen criterio , quieran adherirse a la Revolución, es que deben, ante todo, romper sus prejuicios de clase.

Los prejuicios de clase están presentes siempre, lo quieran o no los niños bien. El primer prejuicio de clase es pensar que no somos niños bien y que no tenemos prejuicios de clase, sino que somos guays, jipis, enrollados, concienciados, etc. Algunos niños bien, sobre todo los más inteligentes, sufren en la vida contemporánea y ello les hace creer que con ello están libres de la carga ideológica que han acumulado a lo largo del tiempo. Esa carga es (adulterando un poco el concepto de Bordieu) el "capital cultural", relacionado estrechamente con el capital económico de papá y mamá del que disponen para comprarse ropas jipis, música indie, novelas de calidad, entradas para el cine de autor, para el teatro, para conciertos de violinistas extraordinarios y cosas así, buenas, bonitas y no siempre baratas.

El segundo prejuicio es el resultado de identificarse con todas esas cosas tan fantásticas y pensar que uno ha adquirido un criterio definitivo: "Sabemos lo que es bueno". Nos lo han dicho personas con autoridad y buen juicio, lo hemos comprobado deleitándonos personalmente, hemos educado nuestra sensibilidad para apreciar lo bueno. Entonces vamos un día por la calle y suena atronador desde un coche tuneado todo guapo el escalofriante reggaetón "Rompe-condones" by Magnate & Bambino, Factoría: Dime qué tú tienes entre las piernotas/ Yo rompo condones como cosa loca/ En lugar de una pellotita tienes una pellota/Vete al carajo y mámame la tota . Sobre la marcha el niño bien se siente mal, se siente atacado, y piensa de manera más o menos explícita: puto hortera. Es difícil aseverarlo con pretensión científica, pero en este momento es muy probable que el rechazo que se siente contenga una importante dosis de prejuicio de clase.

El tercer prejuicio de clase hunde sus raíces en el miedo del rico a que le roben sus cosas. En este sentido, el niño bien por lo general evita meterse en barrios chungos. El niño bien evita la pobreza y se siente inseguro cuando se encuentra solo entre otros que son más pobres que él. Lleva toda la vida oyéndolo en la tele o en las películas o de boca de sus padres: ten cuidado con la chusma. Por lo cual, como decimos, no se mete en la boca del lobo para el hombre, a menos que vaya buscando jachi. Cuando uno va buscando jachi, da igual donde se meta porque el vicio puede con todo y es entonces cuando más se acerca el niño bien de verdad a la actitud más correcta desde el punto de vista revolucionario: la coexistencia y el trato con el proletariado de barrio o con el lumpenproletariado jacoso de igual a igual: unidos por el vicio, que desde luego no es lo mejor, pero al menos ya es algo en común.

El niño bien debe aprender a sentirse bien entre las clases bajas, gritonas y horteras, y mal entre las clases altas y refinadas. Desde luego, esto le parece una herejía total al niño bien, que a lo largo de los años ha ido cultivándose y "sabe lo que es bueno" y por eso sabe que lo bueno no es el reggaetón: lo bueno es el jaaaaaazzzzz. Y el diseño y la música clásica y los Beatles y la ropa cómoda y bonita y el ecologismo y el buen rollito y la camiseta del Che y los rollitos de primavera y la cocina vegetariana y todo lo étnico y lo moderniqui, la world music, los documentales de Michael Moore, el Pesoe o Izquierdaunida, las oenegés, los libritos, las exposiciones... la "cultura", en definitiva.

Las clases bajas viven por lo general en la periferia, en los barrios chungos. Es cierto que en los barrios chungos abunda la violencia y el crimen, o por lo menos eso dicen las noticias. La mayoría de los niños bien han tenido encontronazos con los niños mal, es decir, con los mataos, en algún momento de la infancia. Es posible que hayan sido asaltados por grupos de mataos con o sin navaja, quizás un poco mayores, o yonquis o gitanos o moros o cualquier grupo excluido con el cual se asocie a la delincuencia en las distintas ciudades del mundo opulento. La experiencia puede haber sido traumática. Sin embargo eso no justifica que ese terror infantil se enquiste y permanezca en la edad adulta, dado que, provistos de razón y sobradamente alfabetizados y alimentados, los niños bien son capaces de analizar la problemática social que anida en los barrios chungos. Y en los barrios chungos se escucha reggaetón, qué le vamos a hacer.

Decía Graham de la Cruz que ser de izquierda no es ser más inteligente que nadie, más bien al contrario. Es creer que da igual que no seamos iguales: no somos mejores que nadie y, en muchos casos, somos peores que la mayoría, pero todo eso no es importante para la Revolución.
Lo que hay que hacer es irse con El Capital bajo el sobaco a convivir con los mataos. Y ver qué pasa.












domingo, 22 de junio de 2008

Directiva: Europa o la Cristiandad

Novalis queda ya muy lejos, casi perdido atrás en la adolescencia. La Europa que se dibuja apresuradamente ante nuestra apatía vuelve a instalar su red de Konzentrationslager y se erige sobre el estado de excepción que exigen estos tiempos tan movidos, en los que "todo lo sólido se desvanece en el aire" y se instaura la cacareada modernidad líquida, feudal y tecnológica. ¿Exageración? ¿Catastrofismo? Eso afirmarían, sin duda, los miembros del entramado político-empresarial que acaban de aprobar la "directiva de la vergüenza" con la cual se priva de derechos humanos fundamentales a los emigrantes sin papeles, los refugiados políticos del hambre, los exiliados. Empleo una retórica grandilocuente, casi decimonónica, ¿no es cierto? "Derechos humanos, hambre, exilio..." Estas palabras suenan líricas y por tanto vacías en nuestra vieja Europa nihilista, donde términos así resultan etéreos, carentes de cuerpo, olvidados (pero bonitos, decorativos, con un regusto retro que los sigue haciendo fashion entre los progres). Palabras sin cuerpo. Y sin embargo hay cuerpos sobre los que caerán las palabras de la directiva, cuerpos de carne y hueso, retenidos durante dieciocho meses antes de proceder a la repatriación con una patada en el culo, por negros. Por la cara, por la cara de negro. Por no tener "los papeles": papelas de cocaína son las que circulan por las instituciones europeas, dominadas por la derecha cristiano-demócrata y los yuppies "socialistas" (el PSOE ha votado a favor de la directiva, con el voto en contra de Borrell y otros dos desertores del bochorno). Europa, la Unión Europea, representa (ahora empezamos a verlo) un creciente déficit democrático para la ciudadanía. La naciones europeas pierden soberanía en asuntos que nos afectan a todos, mientras que nosotros no tenemos poder de decisión (vagamente de voto) sobre asuntos esenciales que se deciden en Bruselas. Los conglomerados económicos y sus lobbies cortan el bacalao muy a gusto en Bruselas. Hay opíparas cenas cada noche en Bruselas. En Bruselas se llega a grandes acuerdos, acuerdos sustanciosos, brindando con vino de Burdeos, entre risas y rayas de farlopa, fraternalmente, empresarios y políticos, hermanos, amigos para siempre you can always be my friend, se solazan al llegar a acuerdos decisivos como la ampliación de la semana laboral hasta llegar a 78 horas ("sólo en algunos casos", matiza el diario de izquierda revolucionaria que se hace llamar El País), sin embargo a grandes rasgos, la cosa quedará en subir a 60 horas semanales, de las 48 que hoy permiten los convenios. Hace apenas diez años se hablaba de reducir la semana laboral a 35 horas, menuda ridiculez. 60 horas semanales está muy bien, hombre. A mí me parece bien trabajar 60 horas semanales. Trabajando seis días a la semana, son 10 horitas diarias. Tranquilito. A gusto. Por ochocientos euros al mes. También es posible trabajar 78 horas semanales que son trece horitas diarias de lunes a sábado, ahí, en plan suave. Como el que no quiere la cosa, tú te pones ahí, pum, pum, pum, pum, y sin que te des ni cuenta, ya se te han pasado las trece horitas. Luego te vas a tu casa, te inflas a vino, le pegas a tu mujer y te vas a dormir a gusto. Una vida de puta madre, porque, eso sí, la pantalla de plasma no te la quita nadie, ni el domingo pasado (que libraste) jugando toda la tarde con la Play a Grand Theft Auto IV, que está guapísimo. ¡Qué pesado con la Play! Volvemos poco a poco a los horarios del siglo XIX, cuando los obreros trabajaban 18 horitas diarias, muy a gusto, y vivían súper a gusto embrutecidos sin comerse el tarro con boberías como las que ahora escribo. Eso sí, entonces no había tele de plasma, ni tampoco había Play, con lo cual podemos concluir que por mucho que se amplíe el horario laboral, ahora estamos infinitamente mejor que entonces.

Moralista, moralista, moralista, me gritan desde Bruselas. No adelantes acontecimientos, demagogo, me dicen, las cosas no son exactamente así. Por suerte no son así todavía pero ya son así en perspectiva, en normativa, en directiva, lo cual es suficientemente alarmante.

Pero nosotros, ah, nosotros... a nosotros sólo nos interesa la diversión happiness y el entretenimiento Unterhaltung. Ayer, durante la tanda de penaltis del partido España-Italia, un nutrido grupo de emigrantes negritos del África tropical, que antiguamente cultivando cantaban la canción del colacao, entraron "en avalancha" (El País dixit) por el paso fronterizo de Melilla, por segunda vez en veinticuatro horas: hay que ver lo pesados y lo ruines que son, aprovechando el máximo momento de furor patrio, cuando la guardia civil está apostada en su caseta, mirando el televisor, en vilo con el resto del país, con el corazón en un puño porque el equipo al fin puede romper el maleficio y vencer a la infausta squadra azzurra por primera vez en la historia, justo en este momento de infinita tensión espiritual y unidad de destino en lo universal, aprovechan los zarrapastrosos estos para intentar colarse por el flanco lateral de la portería. No respetan nada los muy sinvergüenzas. Pero Iker Casillas estaba ahí para pararlos con ayuda de la benemérita, y así ha sido: se ha roto el maleficio, España ha pasado a semifinales y los negritos no. Los negritos han caído eliminados y España está arriba. Eso es lo que cuenta. Ahora queda por delante la Rusia de Putin, los rusos, los malos. No hay temor: el mister Luis Aragonés conoce bien a los de Putin, y la roja ya ha vencido una vez a los antiguos rojos en este campeonato. Esta vez España llegará a lo más alto, ya lo veremos. Podemos. Yes, we can. Obama está con la roja. Viva el Rey (qué lindo el Rey celebrando la victoria de la selección, borrachín perdido).

Unterhaltung, coño, Unterhaltung. Déjate de rollos ya con los negros, que parece que no te has enterado de que España ha pasado a semifinales. El mundo está muy mal, ya lo sé, déjame en paz, no se puede hacer nada, amargado, disfruta de la selección y no la comas tanto, paliza. En Europa nos gusta la diversión y la lobotomía. Los cristianos y los socialistas europeos lanzan normativas socialistas y cristianas que nos harán muy felices a todos. Trece horitas diarias. Los negritos, los moritos, ni uno más ni uno menos, todos limpitos, identificados y con sus trabajitos basura, tan contentos. Y en España, además, tenemos los toros y los cojones de José Tomás. ¿Qué más se puede pedir? Hazte tu lobotomía en Corporación Dermoestética y disfruta de la vida, de la selección, de los toros, de la pantalla de plasma, de Grand Theft Auto IV. Y si la cosa se pone fea de verdad, preferible que nos pille durmiendo, que mañana hay que trabajar trece horitas y es mejor ir descansado.


viernes, 6 de junio de 2008

El negro 2


Este es el hombre en cuestión. "Nunca un negro ha asistido a una reunión de líderes del G8 o a una cumbre de la OTAN, por mencionar sólo algunos ejemplos del desafío que se presenta". Ese era el tono que se usaba en la primera página del diario de extrema izquierda El País en su edición de ayer. Se acerca la Revolución. La Historia está a punto de pronunciarse. This is the man.
Hope: la palabra más repetida. Este hombre, ahí donde ustedes lo ven con su turbante, va a cambiar el curso de los acontecimientos, va a emprender de manera categórica políticas de justicia social universal, va a terminar con el historial de intervencionismo económico y militar estadounidense, va a levantar el bloqueo a Cuba, va a dialogar con todo el mundo, va a conseguir la Paz en Oriente Próximo, va a destinar los fondos de la FED a combatir el hambre de África, va a regenerar, él mismo con sus propias manos, el agujero de la capa de ozono como el cirujano que reconstruye un himen, va a expulsar, él solo, a todos los mercaderes que hacen su agosto en el templo y nos va a colocar por fin a las puertas del comunismo libertario, a las puertas de la democracia directa y real. No está nada mal. Yo lo tengo claro. Yo le votaría a él. ¿Tú a quién votarías? Yo a él, lo tengo clarísimo.
Lleva el turbante y el báculo de la autoridad somalí. Su mirada revela el sueño de Martin Luther King. Su sonrisa recuerda a la de Gandhi. La camisa roja es un claro guiño al socialismo de Chávez. Deja de leer por un momento y vuelve a la foto. ¿Has visto lo bien que le queda el turbante? Le queda muy bien ese turbante. Ese turbante me impresiona. Debemos tener muy en cuenta el turbante. En la batalla de los símbolos, ese turbante tiene mucho que decir. Porque de lo que se trata aquí es de los símbolos, de eso no cabe duda.
Y de los símbolos podemos pasar fácilmente a la semiótica. Hay quien afirma que este hombre ha llegado donde ha llegado no por ser negro, sino, precisamente, por no serlo. Digamos que es lo más negro que puede llegar a ser un aspirante a la presidencia de USA, pero eso no dice nada en favor de su negritud. El aspirante demócrata, bien mirado, no es muy negro, a pesar de ese turbante. Sus rasgos son muy soft, de otro modo jamás hubiera podido postularse como candidato. La mayoría blanca no votaría a un negro azabache salido de un gueto, por muy inteligente y preparado que este fuera. Incluso Bill Cosby, que era un prototipo de negro civilizado, que vivía en un lujoso caserón con su familia, que era médico y que hacía reir a los blancos haciendo de negro bueno, era más negro que nuestro aspirante. Ciertamente, el candidato demócrata es bastante blanco. Su madre era blanca, pero el énfasis mediático está en lo negro que es. Nos quieren convencer de lo negro que es, para convencernos de que USA, que hasta hace un par de décadas aún mantenía leyes racistas en vigor, que aún hoy cuenta con un millón de negros en las cárceles (la mayor comunidad de presidiarios es negra) y donde la segregación racial existe de facto, es un país que ha superado el racismo y puede así renovar su liderazgo en un orden global en el que los blancos, como sabemos, son minoría. Visto de este modo, el aspirante demócrata vendría a ser el Michael Jackson de la política.
Por otra parte, que sea negro (que no lo es) tampoco significa nada. Miren ahí a Condoleeza. Es muy negra y es chunguísima. Miren al malogrado Colin Powel. Era negro y ahí estaba, matando a gusto en Irak con sus amigos del partido. La idea de incluir a negros en los círculos del poder político estadounidense se viene fraguando desde hace tiempo y obedece a criterios simbólicos, dada la total estetización de la política que sufrimos hoy en día. No dice nada del ascenso al poder de las masas de negros segregados. No indica el menor implemento de democracia. Es la renovación del American Dream, ni más ni menos: una nueva zanahoria (un poco más oscura) colgando del palo. "Cualquiera puede llegar a lo más alto, si tiene fe y se esfuerza". Llevamos oyéndolo desde siempre, y eso es lo que nos viene a decir tanta fanfarria mediática una vez más.
Lo cierto es que si el aspirante demócrata fuera realmente subversivo lo matarían. Nunca han dejado de matar a los líderes conflictivos. Martin Luther King era negro y lo mataron. Malcolm X era muy negro, comunista y muy subversivo y lo mataron. Kennedy no era negro y desde luego no nos parece que fuera muy subversivo, pero también lo mataron. Y a su hermanito también, y tampoco era negro. Si hubiera una posibilidad de cambio real, una esperanza que hiciera temer algo a las élites de la industria pesada, los magnates petroleros, los fondos de pensiones, las aseguradoras, los señores de la guerra WASP y todo ese conglomerado de corporaciones fascistas, está claro que al negrito bueno se lo cargarían sin pestañear. Por eso creemos que toda esta parafernalia tiene un carácter más simbólico que otra cosa. Una nueva estética, un look moderno y atrevido, que permita que todo siga en su sitio.

O quizás me equivoque.

Pero, ¿y ella? ¿Qué pasa con ella?

Ella todavía tiene mucho que decir:




miércoles, 28 de mayo de 2008

El cerdo

Mi animal preferido es el cerdo. Sí, sí, el cerdo.

El cerdo (Sus scrofa) es un animal trágico y polémico. "Cerdo" es uno de los insultos más frecuentes en el habla cotidiana y todo lo que atañe al cerdo implica oscuridad, deseo, culpa. Investigando acerca del origen de la prohibición de comer carne de cerdo, explícita en algunas religiones, he encontrado el argumento de que criar cerdos suponía un gasto inadmisible en las regiones habitadas por los antiguos semitas, de ahí que se prohibiera la tenencia de ganado porcino. El cerdo salvaje era un competidor temible del humano por los recursos alimenticios, por eso el rechazo que las tribus mostraban hacia este mamífero. Normalmente se piensa que la razón de esta censura es que el cerdo es un “animal impuro”, que es sucio y que transmite enfermedades. Este argumento es ridículo. El cerdo no es sucio per se. El hombre que cría al cerdo hace de él lo que quiera. Si lo mete en un chiquero y lo alimenta con mierda y no le proporciona agua limpia con la que refrescarse la piel es lógico que el cerdo se haga sucio. Del mismo modo, si le da de comer carne lo hará carnívoro. En este sentido (y en tantos otros) podemos observar que el cerdo es muy similar al propio humano. Yo podría aceptar el argumento de que no se debe comer carne de cerdo porque supone un acto de canibalismo, dada la innegable similitud entre el cerdo y el hombre. Creo firmemente que el hombre tiene tanto de cerdo como de mono. Pico della Mirandola, en su célebre Discurso sobre la Dignidad del Hombre, habla de las virtudes proteicas del humano. El hombre es un animal mimético, un ser que copia libremente a la naturaleza, y que trata de imitar a los demás seres al carecer de una forma o función preconcebida por el Creador. El cerdo, por su parte, es un animal sensual cuyo orgasmo dura media hora. De ahí que se tilde de “cerdos” a los humanos amantes del placer. Esto es un rasgo de puritanismo puro y duro y no se sostiene racionalmente. En cualquier caso, nadie debe ofenderse porque le llamen cerdo o cerda, antes al contrario: uno está perfectamente legitimado para reivindicar al cerdo que lleva dentro y hacer el cerdo tanto como quiera, siempre y cuando esta conducta no dañe a terceros. El cerdo es un ser entrañable, no hay más que mirarlo bien para sentirse embargado por la ternura y el arrobo.

Sin embargo hay otra dimensión a tener en cuenta. Cebar a un cerdo es una inversión. El cerdo gasta pero, no lo olvidemos, del cerdo se come todo. “Del cerdo hasta los andares”, reza ese adagio español tan chulesco. El cerdo es una inversión en el sentido de que sus productos se venden en forma de fiambre. Son célebres, por ejemplo, el jamón serrano, el jamón cocido, el jamón york, el salchichón, el chorizo de Teror, el chorizo ibérico, el chorizo cantimpalo, el pamplonica, el chorizo revilla, el salami, el fuagrás lapiara, la pata de cerdo recién hecha, la sobrasada de cerdo, la paleta ibérica, la paletilla, la salchicha manohierro, la morcilla de Burgos… te pones a contar y no terminas nunca, es fascinante: el fuet, el tocino, la costilla, la cabeza de cerdo ahumada, el lomo, el lomo con queso, el bocadillo de lomo con queso especial, el lomo adobado, el chorizo a la sidra, la manteca, los callos, las manitas de cerdo en salmorejo, el cerdo agridulce, la nariz de cerdo, el secreto de cerdo con guarnición de papas fritas, el ojo de cerdo frito en su propia grasa con bechamel de burro, la lengua de cerdo en su salsa, las orejas, los chicharrones, el rabo de cerdo bañado en chocolate negro con virutas de limón rallado… y mil cosas más, todo ello se puede vender y comprar y preparar y comer y es muy bueno. Sabroso. Sin embargo no es lo mismo la cría de cerdo para el autoconsumo que la cría industrial de cerdo. No es lo mismo la fiesta de la matanza, de origen precapitalista, donde el pueblo se reune y degusta los productos del cerdo, que la especulación con el cerdo, el regodearse en el cerdo y el sueño de un cerdo transfigurado en dinero. Es en el nivel simbólico, lingüístico y representativo donde el cerdo se asocia con la vileza. Pero la vileza está en la acción humana y no en el pobre cerdo.

La imagen del cerdo se asocia con el ahorro. “Cebar al cerdo” es una metáfora clara del capitalismo. Las huchas tienen forma de cerdo. De ahí la doble cara de la dedicación al cerdo, esa dimensión ambigua de carácter netamente hegeliano, en que el cerdo es fiesta y a la vez constricción. Una cosa es el amor al cerdo y otra muy distinta el amor al dinero. El cerdo se da entero, no admite la sobra, su sino es la consumación. Las culturas amerindias, entre otras, tenían entre sus ritos constituyentes la ceremonia del potlach, en que los excedentes de la cosecha o las riquezas sobrantes se repartían entre la comunidad o se destruían festivamente. La especulación con el excedente, el plusvalor, es una costumbre desarrollada por el hombre blanco.
En el capitalismo el cerdo no para de engordar. Se ceba al cerdo no para comérselo o para verlo hermoso, sino por el placer malsano de la acumulación, la hipertrofia, la voluntad de poder.

El capital es un megacerdo.
Llegará el tiempo de la matanza, y toda esa acumulación de viandas, de morcillas, chorizos y jamones, tendrán que ser repartidas entre los desheredados de la tierra.
Y los ricos, al chiquero.

jueves, 15 de mayo de 2008

Disney

Sin embargo, son las ideas las que nos permiten concebir las carencias y los peligros de la idea. De ahí la paradoja ineludible: debemos entablar una lucha crucial contra las ideas, pero sólo podemos hacerlo con ayuda de las ideas. No olvidemos nunca que nuestras ideas han de mantener el papel mediador y debemos impedir que se identifiquen con lo real. Sólo debemos considerar dignas de fe las ideas que conllevan la idea de que lo real resiste a la idea. Esta es la tarea indispensable en la batalla contra la ilusión.
Edgar Morin

"El Dios del que me hablas fue inventado por la factoría Disney. Ese Dios es el que alimenta todas las campañas publicitarias de Navidad. Es el gran titiritero: el Capital". Fueron las palabras de Graham de la Cruz, justo antes de terminar el último sorbo de café en la Plaza de la Victoria. Hablábamos de la educación sentimental en las sociedades opulentas, el nacimiento de los deseos y la idea de lo Bueno que nos ha sido inculcada a partir de la imagen del Dios de la Barba, el de la túnica: el Dios Disney, como sugería De la Cruz.
Disney es más que el apellido de aquel dibujante que desplegó su singular talento en los tiempos de la Gran Depresión tras el crack del 29 (y que es considerado por muchos historiadores de su país -con gran acierto- el estadounidense más importante del siglo XX), más que el nombre de una gigantesca multinacional, más que un logotipo de caligrafía inconfundible, más, mucho más: Disney es una moral aprendida por millones de niños de todo el mundo.
Pensemos por un momento hasta qué punto Disney está en nosotros. Con qué facilidad aceptamos, de niños, la realidad de esos seres antropomorfos que hacen gala de las mezquinas preocupaciones de los puritanos del midwest. Maravilla tras maravilla, los dibujos animados de Disney inoculan los valores tradicionales de la familia estadounidense y la lógica del capitalismo darwinista. Pensemos, sin necesidad de retrotraernos a las viejas películas, en el caso del Rey Leon: lo que allí se dice es, simplemente, que el mundo es como es, que está bien hecho y que cualquier intentento de cambiarlo sólo traerá catástrofes. Es el "ciclo de la vida", cantado por Elton John-Serafín Zubiri (el Stevie Wonder español).
Disney nos inocula la ética y la estética a través de un vasto complejo de propaganda: es el ideal wagneriano de la obra de arte total que cumple, además la función diseñada por los nazis de creación de realidad a través de los medios. No en vano se ha hablado de Walt Disney como un "modernista sentimental", un moderno reaccionario, siempre a la vanguardia en cuanto a los medios técnicos que usa una estética victoriana al servicio del embrutecimiento generalizado. Tanto Adorno como Benjamin estaban horrorizados con el aspecto político de las creaciones de Disney, concebidas para estupidizar a las masas. Nosotros, que somos masas estúpidas, no podemos entender plenamente el sentido de esta crítica. Para nosotros, Mickey ha estado siempre ahí, como el sol y la luna, y el tío Gilito (versión española del nombre original, Scrooge McDuck) y Minnie y su puta madre, todos ellos, todos nosotros, a la hora de la merienda y siempre en nuestros corazones.
La Belleza-Disney, la Naturaleza-Disney y, sobre todo, el Amor-Disney (y fueron felices y comieron perdices y punto): Disney se ha apropiado de la cultura y nos ha servido una versión edulcorada de la realidad. El mundo entero ha de ser Disney o ha de perecer bajo la bomba si se resiste.
El tema es complejo y tiene vastas ramificaciones, dado que Disney es hoy por hoy una de las multinacionales más influyentes (cuyos accionistas principales son, por cierto, algunos miembros de la realeza saudí) y controla multitud de filiales en la industria cultural, desde largometrajes y teleseries hasta música pop (Britney Spears, Cristina Aguilera, etc) y quién sabe qué más.
De momento, y como señal de alerta cercana, hemos de saber que Disney está interesado en construir un parque temático en Gran Canaria a través de la Cámara de Comercio Norteamericana (entidad que hermana a empresarios locales como Lopesan & Co. y multinacionales yanquis). Este parque, construido con subvención pública ("dará trabajo a muchos canarios") estaría dedicado a África, aprovechando la coyuntura del Plan-África para el cual el archipiélago está sirviendo de plataforma. Así, tendremos en Canarias una versión Disney del maltrecho continente, donde ya podemos imaginar los monitos amaestrados, los leones en sus jaulas, las danzas de los negritos (negritos del color de la Cocacola) y las colas de los colegios que van de excursión a conocer África, mientras África se hunde en una nueva ola de colonialismo.
Pronto tendremos también un parque temático de la Revolución-Disney, con un MarxDonald´s y un actor disfrazado de Lenin haciendo malabares al ritmo de la Internacional-tecno. Seguro que ya se le habrá ocurrido a alguien. Disney se apropia de la realidad entera, del pasado y del futuro, ese es su sino. De la mano del Capital, adquiere naturaleza religiosa y se encarna en la sensibilidad de los niños. Para derrotarlo, necesitaremos una auténtica Yihad.